miércoles, 20 de noviembre de 2019

Viaje por Tierras de Cuenca: Alarcón y Villanueva de la Jara (III)


4 de noviembre de 2019

Alarcón está sobre un tajo en la hoz del Júcar. El color verde del río, dos torres defensivas a cada lado del río, tres puertas de entrada entre murallas, cielo gris que matiza los colores y favorece los contrastes, al final el espectacular castillo y el pueblo repleto de iglesias y casas nobles, palacios y preciosas plazas.
























La primera iglesia que nos encontramos es la de la Santísima Trinidad con una preciosa fachada plateresca y torre. Y enseguida vamos viendo escritas en los muros frases del libro de El Conde Lucanor del infante Don Juan Manuel, frases como estas: 

"Quien te encuentre bellezas que no tienes, 
siempre busca quitarte algunos bienes."

"El que quiera acabar lo que desea
que desee lo que pueda acabar".

"Quien solo tiene amigos por lo que les da
poco le durarán".

Subimos hacia la plaza alta que se llama Plaza de Don Juan Manuel y nos encontramos el Ayuntamiento, que es un palacio con una loggia en el piso bajo de arcos de medio punto rebajados y la iglesia de San Juan Bautista  con torre y espadaña que ahora alberga un museo de pintura mural contemporánea. En otro de los  lados de la plaza hay un palacio.

En las dos calles que van más o menos paralelas hasta el castillo están la iglesia de Santa María, preciosa, con portada plateresca del siglo XVI y la iglesia gótica de Santo Domingo de Silos que es un centro de exposiciones.



















Alarcón es imprescindible, el Albarracín de Castilla la Mancha, además de ser muy notable en cuanto a paisaje y monumentos está cuidado y tiene un aspecto limpio y agradable. El Parador está en el Castillo, lugar en el que merece la pena, al menos tomarse un café. La mayoría de las casas son de piedra con rejas artísticas, dos plantas como mucho y carpintería en madera oscura. Puertas muy grandes, imponentes con toda clase de decoración sobre la madera o en hierro. 




































Comemos en Villanueva de la Jara, villa pequeña con un enorme convento de carmelitas descalzas fundado por Santa Teresa, una bonita plaza mayor, sin un bar, por cierto, y muchas casas señoriales. 














El paisaje que vemos es de pinares extensos, tierras aradas de tonos marrones y rojizos y álamos que amarillean al lado de los ríos. Me llama la atención una plantación de olivos en línea, pero solo dos líneas que se prolongan unos dos kilómetros al lado de la carretera. El resto del terreno está arado y sembrado. Muchas viñedos que ahora tienen un hermoso color rojizo.
Hace frío, pero hace horas que no llueve y así se lleva mejor. La comida en el único bar que estaba abierto y al que nos dirigió un médico muy amable en la puerta del centro de Salud, no fue nada del otro mundo, pero sirvió para reponer fuerzas.










































Textos: Ximena Prieto
Fotografías: Miguel Roa

No hay comentarios: