domingo, 14 de abril de 2013

Viaje a Croacia: Dubrovnik (XII)



3 de agosto de 2012 Dubrovnik

Al levantarnos inspeccionamos mejor el hotel Rixos Libertas de Dubrovnik donde estamos alojados y las vistas desde él.







El autobús nos recoge por la mañana para hacer la visita guiada y después tendremos todo el día para nosotros. La guía se llama Svieta que quiere decir Flor y nos espera en Pile, delante de la puerta.

Las tribus croatas dieron el nombre a la ciudad que significa bosque de robles, ahora no hay apenas vegetación. En la parte más alta de la colina que está sobre la ciudad hay una especie de fortaleza de los franceses que, con Napoleón Bonaparte ocupan la colina, en 1815 con la derrota de Napoleón y el Congreso de Viena, Austria se queda con la ciudad hasta la I Guerra Mundial. 

El patrón de la ciudad es San Blas, que está en la parte superior de la puerta. San Blas salva a la ciudad de los venecianos, por esto es el patrón. La parte contraria o puerta norte se llama Ploce. El centro de la ciudad se incendió por el ataque serbio y montenegrino, de hecho vamos a ver varias casas en las que hay fotos de cómo quedaron después del bombardeo.

En el primer sitio que nos paramos es en el convento de los Franciscanos, románico de transición al gótico, un claustro precioso, capiteles vegetales trabajados de forma rústica, pinturas murales sobre Santo Domingo de Guzmán al estilo de la escuela florentina de Giotto, pero sin llegar. Hay una antigua farmacia del año 1200 con sus tarros correspondientes, un armario pequeñito tallado en madera muy bonito.

 En el bombardeo cayeron muchas columnas y capiteles, el convento lo restauró Francia y también pagó las tejas, concretamente la ciudad de Toulouse. Hay iconos bizantinos y dos Ecce Homo del XVI con influencia en los fondos de Leonardo y de la escuela veneciana, reliquias de San Blas, colección de joyas donadas a la Virgen del Carmen y del Rosario como exvotos. 

Vamos a la calle paralela al Stradun que vimos ayer, la zona donde vivían los orfebres se llama Prieko, aquí está también la sinagoga, en las casas sobre los balcones hay unos agujeros como arandelas de piedra en la parte superior para colocar cortinas tipo toldo como en Cefalú (Sicilia).

Estamos al lado de la puerta del este, en el convento de los Dominicos que tiene un claustro gótico, arcos cuadrifolios y sus capiteles vegetales, salas de pintura de la escuela de Dubrovnik, son tablas de los siglos XV y XVI, un Tiziano (de la escuela) restaurado aunque con demasiado barniz, la iglesia es de una sola nave, estructura gótica y artesonado de madera con un crucificado a la altura del presbiterio de tipo trecentista.

Al final del Stradun está la iglesia de San Blas, y enfrente el palacio de la Aduana, gótico con loggia. También está la columna de Roland con la bandera que dice Libertas, esta columna se identificaba con la libertad y el brazo del caballero Roldán era la medida de la república de Dubrovnik (el codo).


































viernes, 12 de abril de 2013

Viaje a Croacia y Eslovenia (pasando brevemente por Bosnia-Herzegovina) (XI) Llegada a Dubrovnik



2 de agosto: Llegada a Dubrovnik (pasando brevemente por Bosnia-Herzegovina

Vamos ya para Dubrovnik por la carretera de la costa, sigue siendo tan endiablada como era, solo que ahora está mejor de piso y tiene carteles indicadores. Por el camino vemos los lagos de Bacim y pasamos por el ancho valle del rio Neretva que viene por Mostar desde Bosnia, el valle está inundado por el río y los agricultores cultivan yendo en barca. Avanzamos un poco más y estamos a la altura de Porec cerca de la frontera con Bosnia, que tiene unos 6 kilómetros de costa, una imposición de Tito para que Bosnia tuviera un puerto, el de Neum.

Llegamos a Neum, paramos en la frontera y compramos tabaco en un supermercado bosnio, la moneda es el marco, puedes pagar en euros y el cambio es 2 marcos bosnios 1 euro. No hay Winston, si L&M, el cartón a 19,50 euros.

A las 6 y media estamos en Dubrovnik y el hotel que teníamos estaba en las afueras, pero nos lo han cambiado por otro más céntrico para poder ir a pie al centro. El hotel es de la cadena Rixos, está excavado en la roca del acantilado y construido en terrazas, la piscina casi en el mar, habitaciones con vistas al mar y terrazas grandes, estamos en el nivel 4. La habitación muy bonita, con el cuarto de baño integrado en la habitación sólo separado por dos mamparas de cristal grabado y un estor por si quieres más intimidad, el wáter está aparte y tiene puerta.

La terraza tiene un borde sembrado de siemprevivas moradas, en cada planta son de un color.

Sin ducharnos ni nada nos vamos a la ciudad andando, tardamos 30 minutos, estamos en el barrio llamado Pile, de ahí el puente que atraviesa el foso y la puerta monumental custodiada por dos soldados vestidos de época. Todo el perímetro de murallas y torreones y el mar.

La ciudad es toda de caliza blanca y mármol, la primera vez que la vimos no pudimos bajar y sólo la fotografiamos desde arriba, desde la carretera a malas penas. Ahora estamos entrando en la calle principal que se llama Stradun y es anchísima, justo después de la puerta está la fuente de Onofrio, la grande, porque al final de la calle, en una plaza está la fuente pequeña de Onofrio. En el Stradun hay tiendas y bares con terraza, entramos en varias iglesias que están todas abiertas, llegamos al extremo de la calle y giramos hacia una plaza donde está la catedral. 

Todos son palacios. Paralela a la calle principal hay otra mucho más estrecha a la izquierda según entras por la puerta de Pile que está llena de restaurantes, para llegar a ella hay que subir escaleras, todo este barrio es así empinado, aquí vivían orfebres judíos y las clases populares de la ciudad. A la derecha del Stradun hay calles paralelas pero llanas y sus correspondientes transversales. La ciudad está llena de gente, es la hora de cenar, damos una vuelta y elegimos un restaurante, cenamos pescado y despacito nos vamos al hotel, ya es de noche desde hace un rato y en la entrada hay un cuarteto de música clásica que lo hace muy bien. Es un gustazo, la noche muy buena y el entorno increíble. Es una auténtica belleza.

Texto: Ximena Prieto            Fotografías: Miguel Roa