sábado, 18 de julio de 2015

Polonia (I) Varsovia


6 DE JULIO 2015

A estas horas, las ocho y diez de la tarde estaríamos en Varsovia si las circunstancias fueran otras, pero un retraso de más de dos horas nos ha hecho salir ahora, bueno, aún no hemos salido. Y no solo no habíamos salido sino que estuvimos casi dos horas  dentro del avión, embarcamos a las ocho y diez y despegamos a las  diez porque ya no tenían permiso  por pasarse de tiempo.
Fue algo parecido a lo de Harrisburg pero peor porque no abrieron la puerta y no nos dieron ni agua. A mí me dio un yuyu de claustrofobia y me tuve que tomar un Lexatin.
Me gusta observar a la gente en los aeropuertos, unos con prisa, otros derramándose en las butacas, cansados por tantas horas de deambular de aquí para allá, otros reflexivos pensando en sus cosas, y es un entretenimiento imaginar quienes son, de donde son y que vidas son las suyas. En los aeropuertos hay toda una fauna humana. Entre la fauna que iba en nuestro vuelo, estaban los de siempre, matrimonios de mediana edad, unos solos y otros con hijos, unos acompañados de amigos, otras con sus amigas, parejas jóvenes y también ese espécimen de matrimonio protestón y lenguaraz que se mete en todo y grita todo el tiempo con o sin motivo.
Llegamos sobre las dos de la madrugada a Varsovia, el aeropuerto es muy nuevo, luego me enteré de que lo había hecho una empresa española. El hotel muy bien, un Radisson. Empezaremos mañana con la visita a la ciudad. El guía se llama Jaime, es de Barcelona, está casado con una polaca, vive en Cracovia y tiene dos hijos. Lo primero es que hay que cambiar moneda, un euro son cuatro zloty.





7 de julio 2015

Desde el hotel que está en la calle Raszynska vemos los rascacielos modernos del centro y uno de época soviética que tiene cierto parecido con la Giralda. Hace calor pero no en exceso.





Varsovia tiene 1.700.000 habitantes y contando el área metropolitana unos 2.700.000. Estamos en la zona del ensanche con avenidas amplias y edificios de tamaño medio con zonas verdes. En la II Guerra Mundial Varsovia fue castigada con una destrucción casi completa y cuando llegaron los soviéticos entre 1945 y 1989 se construyeron edificios estilo racionalismo soviético y se reconstruyó el casco antiguo. Un símbolo comunista es el Palacio de la Cultura y la Ciencia, regalo de Stalin, ese que se parece a la Giralda y estamos ya en el centro moderno, al lado están la Estación Central y un centro comercial. 






En el lado derecho edificios de estilo francés de principios de siglo, en uno de ellos está el Instituto Cervantes. 



Esta ancha avenida se llama Marzakovska, algunos  edificios de apartamentos de época soviética de 50 metros cuadrados para cuatro personas con relieves dedicados a los obreros. La guía local por supuesto es anticomunista, como todos en todos los países del Este que he visitado. Nos explica que el metro en Varsovia tiene dos líneas una de norte a sur y otra de este a oeste cruzando el Vístula. Pasamos por delante de la Politécnica y al lado un barrio residencial llamado Mokotow con edificios de estilo parisino o vienés de cinco o seis plantas, aquí vivieron los nazis durante la guerra.
Ahora nos dirigimos al parque Lazienkowski y antes pasamos por el Palacio de Belvedere, de un noble, de un mariscal de nombre impronunciable y residencia oficial durante un tiempo de Lech Walesa. Es un palacete de estilo neoclásico con un pabellón y un pórtico hexástilo de orden jónico y la planta en U. Después de la I Guerra Mundial Varsovia pertenecía a Rusia y es época de lucha por la patria y de defensa de la cultura polaca, incluyendo en esta a la religión católica que ha tenido una importancia enorme en la identidad polaca.



El parque Lazienowski está dentro de los barrios reales, un terreno de bosque y de caza con balnearios creado en el XVIII cuando el rey cambia de residencia y de Cracovia se viene aquí. En el parque hay un enorme monumento a Chopin, él vivió aquí sus primeros veinte años, era patriota y componía canciones con raíces tradicionales, la escultura es el busto de Chopin y en la mano tiene un sauce llorón, árbol típico de la zona de Mazovia, (de ahí viene mazurca), es una escultura monumental unida a un estanque. En la revolución de 1830 sus padres lo mandaron a Paris, y cuando murió, previo paso por Valldemosa con Georges Sand, su corazón se llevó a la Iglesia de la Santa Cruz de Varsovia.








Enfrente de la escultura de Chopin está el busto a Franz Litz y alrededor parterres de rosas de pitiminí blancas y rosa muy bajitas y muchos bancos para escuchar conciertos, en un banco apretando un botón se escucha una polonesa.









Seguimos la ruta real que une varios palacetes, está el de la sede del gobierno y enfrente el jardín Botánico, varios ministerios y también es zona de embajadas y el parlamento Polaco (Cámara de Diputados y Senado), es un edificio circular con cúpula. Pasamos la plaza de las tres cruces y en el centro está la iglesia de San Alejandro es un edificio circular con cúpula., tipo tholos con doble pórtico hexástilo corintio. Este barrio es pijo, hay tiendas y restaurantes y han transformado la sede del Partido Comunista en una zona pija, ironías de la historia. En el centro de la plaza donde termina la avenida de Jerusalén hay una palmera, que no es de verdad, es una escultura de una artista local que imita a una palmera. Por las cercanías en la calle nuevo mundo, Nowy Swat hay una pastelería muy famosa que se llama Blik y están las Facultades de Letras, la iglesia de la Santa Cruz, la plaza de Copérnico, la casa natal de Chopin, la iglesia barroca de la Visitación, el lujoso hotel Bristol y el palacio Presidencial actual, Plaza del plació real y calle de la miel con el edificio del Arzobispado.








Pasamos delante del monumento a la sublevación de  Varsovia en 1944 frente a los nazis cuando el ejército rojo estaba a las puertas, no se pudo liberar la ciudad y después se la destruyó.
Del gheto de Varsovia de 1940 no queda nada, fueron tres años de gheto en las peores condiciones, no queda nada del muro. Los racionamientos eran de 180 calorías diarias por persona, como había un gran hacinamiento proliferaban los enfermos y a veces mantenían a los muertos para usar sus bonos de racionamiento. Durante el verano de 1942 mandaron a 300.000 personas a Treblinka, este campo se creó para exterminar a los judíos del gheto de Varsovia, los trenes llevaban directamente a la cámara de gas. En Treblinka 2 asesinaron con monóxido carbónico a 900.000 personas y las incineraron en parrillas colocadas según los cuerpos quemaban mejor (los gordos quemaban mejor, luego las mujeres y después los niños).
La gente joven se quedó en el gheto, unos legalmente y otros ilegales y en la primavera del 43 decidieron sublevarse, la lucha duró un mes. Pasamos por el monumento a los judíos, todo negro, de granito y al pié una menorah sujeta por leones. Al lado está el Museo de la historia de los judíos polacos.














Como ya he dicho no queda nada del gheto y en su lugar ahora hay un barrio nuevo, en El Pianista se ve esta zona. Entre los ghetos había una calle libre y hoy hay un monumento con los nombres de las victimas que tiene forma de árboles caídos.
En medio de la avenida un vagón de tren lleno de cruces que recuerdan a los polacos que fueron asesinados durante el régimen de Stalin en Septiembre de 1939.



Es curioso esto de que los polacos hablen de polacos y de judíos, cundo los judíos eran también polacos como ellos.
Pasamos por la Plaza del Banco diseñada por un arquitecto italiano en la 1ª mitad del XIX, ahora está el Ayuntamiento de Varsovia, de estilo neoclásico, calle del Senado y Plaza del Teatro de la Ópera, también del mismo arquitecto Antonio Corazzi y Plaza de la tumba del soldado desconocido.






Ya estamos en la Ciudad Vieja delante del Palacio, el Palacio es un edificio que ocupa todo un lado de la plaza, empieza en estilo medieval y por dentro termina en Neoclásico. Es un conjunto de salones, cámaras y antecámaras y salón de audiencia. Están los retratos de todos los reyes de Polonia, los Vasa, Valois, los rusos, los rumanos, los alemanes etc. El protagonista es el rey Stanislas Augusto Poniatovski. Mucho dorado, mucha bóveda pintada, ilusionismo y suelos de taracea, todo reconstruido. Nos cuentan lo malos que han sido todos con los polacos.



















En una de las salas del palacio hay una colección de óleos de vistas de Varsovia de un Canaletto, sobrino de Antonio Canal, il Canaletto de Venecia. Las vistas son interesantes. Es menos ligero y sutil que su tío, pero sugieren mucho.





Luego vamos a la Catedral que es de ladrillo, preside la Virgen de Cestochova. Dice la guía que el catolicismo en Polonia implica identidad patria y está muy unido al pueblo y a las clases humildes, pero no a los socialdemócratas que antes eran comunistas, es decir, las grandes fortunas de empresarios actuales es no creyente que son los ex soviéticos, pero la izquierda, los intelectuales y los obreros son católicos practicantes.
Vamos a la plaza del mercado que está muy cerca y nos encontramos los símbolos de la ciudad: La Sirena y el Basilisco. La sirena es un mito parecido a la de Copenhague y al basilisco lo mata un príncipe que se casa con la princesa. En esta Plaza cuadrada y muy coqueta ella están las casas de los comerciantes, faltan por restaurar las de uno de los lados. Según el número de balcones o ventanas se sabe cómo eran de ricos sus propietarios y también por los adornos dorados. Me recuerdan a las casas del Brighem de Bergen, Núremberg o Praga, casas alemanas con sus buhardillas y sus colores cálidos (ocres, naranjas y rojos). Hay una que le llaman la del alcalde que tiene en la fachada el retrato de su mujer, su hija y el mismo.














Por la tarde paseo a nuestro aire y visita a un centro comercial pero ni rastro de camisetas de la selección polaca de futbol, ni siquiera en la tienda de Nike que es su marca. Por ahora Pablo no tiene suerte.




Varsovia es una ciudad agradable y la gente también. Y hace calorcito, me cuesta imaginar los 15 grados bajo cero del invierno vemos la casa y el museo de Madame Curie, nos acercamos a la muralla, admiramos los trabajos con ámbar de las joyerías y vemos el museo del ámbar. Nos tomamos un refresco en una terraza y continuamos paseando, me llama la atención el color del cielo, un azul profundo y la limpieza del aire.


















1 comentario:

Cayetano Gea dijo...

Pedazo reportaje el vuestro con ese recorrido minucioso por las calles de Varsovia, con ese aire ligeramente decadente que tienen las antiguas capitales del bloque comunista, "giralda" estalinista incluida.
Se ve que lo pasasteis en grande.
Un abrazo.