martes, 15 de marzo de 2016

Viaje al sur del sur (Argentina y Chile) (I) Buenos Aires



22 de Febrero 2016 

Salimos esta mañana a las 11,30 de Medina para Jerez. Nos lleva Manuel Ángel que muy cariñosamente se ofreció a hacerlo.

Yo arrastro una gripe fuerte que me ha tenido K.O durante todo el fin de semana, esta mañana me tomo un paracetamol y voy tirando.

Hasta Madrid sin novedad, en la Terminal 4 cambiamos a la Terminal 1 y al pasar el control me pita el arco y yo cada vez tengo más claro que es al azar porque no tiene sentido las veces que me ha pitado. Total, esta vez era de droga, así que me pasan una tirita mojada en un liquido por las manos y me dicen que es para el control de sustancias no se qué, y bueno, después otro poli me invita a abrir la maleta de mano y el bolso y pasa por encima de las cosas que hay dentro y por el móvil esa tirita blanca mojada en no sé qué. Lógicamente no pasa nada, pero yo me indigno mucho por dentro, porque esto es injusto: Por culpa de unos pocos delincuentes y otros pocos hijos de puta los ciudadanos que respetamos la ley nos vemos jodidos y además con estos registros tan desagradables atentan contra nuestra dignidad, invariablemente me siento fatal cuando me registran.



Un café en el Starbucks, una clavadilla, (3,45 euros), porque por 3 euros y algo me he comido un bocadillo de jamón en el aeropuerto de Jerez que no es lo mismo que un café pequeño de Starbucks. Un sándwich de pavo con ensalada antes de embarcar y ahora a esperar.

Observo a la gente que se va colocando en la zona de la puerta, todos tan especie humana y todos a la vez tan diversos, cuántas vidas, cuantas historias, cuantas familias, cuantos proyectos distintos, desengaños, amores y desamores. Es la humanidad en su esplendor y variedad.

Los del staff de Aerolíneas argentinas son tropecientos, han pasado ya trece entre comandantes, auxiliares y azafatas, vamos a tener uno para cada pasajero.



Me paso toda la noche en vela excepto una o dos horas que consigo echar una cabezada entre una película y otra (a la carta en mi propia pantalla), cena y desayuno. Me tomo la pastilla de la gripe y el tranquilizante para soportar tantas horas.

Es asombroso que no te dé el espacio para poder tumbar el asiento, si lo echas ligeramente hacia atrás, le das al pasajero que va detrás en la cabeza así que me mantengo como puedo sin gritar hecha un cuatro dando una vuelta a un lado y al otro toda la noche.



Volamos por encima de Brasil y de Uruguay y llegamos al aeropuerto de Ezeiza de Buenos Aires a las 4 a.m. Entonces empezó una cola enorme para el control de pasaportes, cola que daba vueltas y vueltas y que al final acabó con foto y preguntas del tipo: ¿Dónde se va a alojar? ¿Cuantos días va a estar?. Pero eso no fue todo porque para salir había otra cola, una que daba la vuelta al aeropuerto y era la de aduanas. Total, después de casi dos horas conseguimos salir del aeropuerto. Nos esperaba Valeria que nos lleva al hotel. Hacía buena temperatura, un aire caliente y húmedo que nos iba a acompañar todos los días en Buenos Aires, claro que más caliente en las horas centrales del día.





Cuando llegamos aún no era de día pero faltaba poco y como era temprano nos cobran 50 euros para darnos la habitación puesto que lo normal es a partir de las 12. El hotel se llama Amerian.





23 de febrero 2016 Martes Buenos Aires



Nos duchamos y nos tumbamos un rato y sobre las 9 salimos a desayunar y luego a cambiar dinero y comprarle a Pablo la camiseta del River Plate. Lo hacemos en un centro comercial que hay muy cerca del Hotel que se llama Pacífico, es un edificio histórico y por dentro una galería comercial. Para cambiar dinero otra cola enorme y un montón de firmas, mucha burocracia. La chica que atiende tarda unos 15 minutos con cada persona, lo que podría hacer en tres minutos, .todo muy misterioso y muy complicado.












Bien, volvemos al hotel porque hemos quedado con Wences Sánchez Fernández de la Vega que vendrá a recogernos a las 11 y efectivamente eso es lo que ocurre. Lo encuentro estupendamente, nos saludamos y nos lleva de paseo por la ciudad y nos cuenta cosas interesantes de la historia de Buenos Aires, héroes independentistas, Centro Gallego, muerte de Castelao en los 50, Casa Rosada, Plaza de Mayo,  Calle Mayo, calle Corrientes, Teatro, Tribunales, Congreso, Libertadores, Parque de Palermo, zona norte, la más elitista, Plaza de Libertadores, San Martín, Museos, Biblioteca, Paseo del Río de la Plata que se ve inmenso,  que aquí le llaman Costanera, como no se ve la otra orilla parece el mar, pero de un color oscuro. Tiene 200 Km de ancho y en la orilla hay gente pescando. Antes pasamos por la Universidad de Buenos Aires, las nuevas facultades que constituyen un enorme campus.

Llegamos a su casa donde están ya su hija Constanza, un encanto y su mujer Olga, otro encanto. Luego llega Jimena, a la que ya conocíamos de una visita a España,  que sigue tan interesante y simpática como yo la recordaba. También conocemos a Pedro, hijo mayor de Constanza. La comida exquisita, buena conversación y todo muy agradable y entrañable. Durante la comida hablamos del Che Guevara porque Miguel había visto la película  en el avión" Diario de motocicleta" y Olga nos contó que había trabajado con él cuando eran muy jóvenes y ya era un revolucionario. Wences nos contó que él había estado cuando era estudiante en Berlín Este antes de que colocasen el muro, pura historia del siglo XX.















Jimena nos lleva al hotel camino de su trabajo, no exactamente camino de su trabajo, pero amablemente nos lleva al hotel y esa tarde descansamos un poco y luego nos vamos a conocer Puerto Madero que está relativamente cerca del Microcentro como le llaman al barrio donde está el hotel.


Puerto Madero son una serie de diques que forman un paseo, en el agua hay mucha vegetación que forma como una alfombra verde. Diques con barcos, restaurantes y bares en varios edificios rojos que parecen renovados para tal fin. En el lado contrario a los bares tiendas de diseño casi todas de decoración y alguna terraza que se cuela y pasarelas que cruzan de un lado al otro. En el entorno hay varios edificios altos residenciales y da la sensación de un barrio cuidado.

















La impresión que tengo de Buenos Aires es dulce, cálido, pegajoso al menos en verano, con más agujeros en las calles que arenas tiene el desierto, con un gran río al que le da la espalda y una humedad dulce, desordenado, sin criterio urbanístico, desaliñado y descuidado, expandido como el Cosmos. Es como una galaxia, es decir, muchos sistemas con muchos planetas y todos diferentes. Depende del sitio por el que pases y del lugar donde vivas tendrás una sensación, Creo que puede ser tranquilo, majestuoso, moderno, antiguo, pasado de moda, romántico, duro, todo a la vez.














He visto cosas curiosas como timbres que suenan constantemente para avisar  que viene el tren, o que va a salir o entrar un coche en un garaje. Los semáforos como en las ciudades norteamericanas no se ponen en verde para el peatón sino en blanco. Es cierto que la avenida Corrientes es muy larga y que está atiborrada de gente.







El distrito Microcentro es el financiero, en las calles alrededor de Viamonte, Reconquista, Corrientes, Córdoba hay infinidad de sedes bancarias. Ayer había una sentada de empleados bancarios que ocupaban toda la calle con pancartas, mesas, chiringuitos etc, representando a todos los bancos y pedían NO a los despidos.













Andando llegamos a la Plaza de Mayo y Casa Rosada. Hay una valla verde muy fea en la plaza, supongo que para que no se acerquen demasiado los manifestantes. Aquí se manifestaban las madres de Mayo. En este distrito si no miras por dónde vas, te caes en los innumerables boquetes que hay en las aceras. Me llamó poderosamente la atención algo referente a la basura, resulta que por la tarde hay gente que se dedica a rebuscar y tirar toda la basura para vender por su cuenta supongo que plásticos o packs o vidrio. En su afán por rebuscar lo tiran todo al suelo y lo que no les vale lo dejan tirado. En fin es un desastre total.












Buscamos una tienda para comprar fruta y encontramos una de aspecto regular con fruta regular. Los autobuses son muy antiguos y los taxis negros con una banda amarilla, hay demasiados coches en los que va solo una persona. Toda la ciudad es una cuadrícula enorme y por la noche las farolas que son pequeñas e iluminan poco pero están bastante juntas dan la impresión de puntitos de luciérnagas desde el aire.






Textos: Ximena Prieto
Fotografías: Miguel Roa

1 comentario:

Cayetano Gea dijo...

Toda una odisea para salir y llegar.
Dos cuestiones:
¿Os afectó mucho el cambio horario?
¿Pudisteis comprobar que la capital argentina posee la avenida más ancha, la del 9 de julio con 140 metros, creo, y la de Rivadavia, una de las más largas del mundo con una longitud de 35 kilómetros?
Saludos.