viernes, 8 de abril de 2016

Viaje al sur del sur (Argentina y Chile) (VI) Puerto Natales. Cueva del Milodón y Parque Nacional de las Torres del Paine



Domingo 28 de Febrero. Puerto Natales. Cueva del Milodón y Parque Nacional de las Torres del Paine.

A las 7 de la mañana está nublado y hace un poco de viento, en treinta minutos vamos al Parque Nacional de las Torres del Paine. Llega la furgoneta, se presenta el guía que se llama Antonio, somos un grupo formado por un angloparlante, una angloparlante que habla español, dos amigas navarras y nosotros.





La primera parada es la Cueva del Milodón, en dirección norte, por lo que se llama El Seno de Última Esperanza. Era un bicho que existió hace 18.000 años y era una especie de oso con garras y cola larga y gruesa. la cueva es de lutitas y conglomerados y se formó cuando un glaciar se descongeló y el agua fue depositando los materiales en el fondo y formando el techo y las paredes. Es una cueva bastante abierta con poco desnivel, bastante amplia y desde dentro se ve la entrada. Este milodón tiene una escultura en una rotonda a la entrada de Puerto Natales.















Nos dirigimos al este por un camino ancho de tierra apisonada que aquí llaman de ripio, unos pocos kilómetros y después vamos hacia el norte. A nuestra izquierda están las montañas del Prat, una laguna y la hacienda Tres Pasos donde pasó unas vacaciones Gabriela Mistral, en la hacienda hay vacas y ovejas y muchos árboles muertos con los esqueletos solamente. Esto se debe a los periodos de sequía. En las montañas del Prat hay al menos un cono volcánico y los valles son glaciares. Ante la enormidad del paisaje los animales se ven muy pequeños, los pastos amarillean en algunas zonas y a media ladera hay árboles. Ahora estamos a 7 kilómetros de Argentina y en esta área quedan aún minas antitanque del conflicto bélico entre Chile y Argentina. Más caballos, vacas y ovejas. En las partes más áridas sopla mucho el viento y erosiona las paredes de las montañas dándole una forma característica. Estamos en Cerro Castillo que es el paso fronterizo, pero no vamos a cruzar, solo comprar algo de comida para los que no la llevan incluida.










Doblamos un poco hacía el noroeste hacia un extremo del lago del Toro y del lago Sarmiento y sigue habiendo estancias y empezamos a encontrarnos con los guanacos, que son de la familia de los camélidos y se parecen a las llamas, a las vicuñas y a las alpacas, más altos, de ojos grandes y suaves un poquitín almendrados, cuello largo, orejas puntiagudas y verticales y pelo largo en tonos marrón y blanco en el vientre. Viven en libertad en toda la Patagonia dentro de los Parques, aunque algunos viven en fincas privadas, no son propiedad de nadie. Los fotografiamos y como no los agobiamos se quedan mucho rato, y un poco más allá nos encontramos con un ñandú, una especie de avestruz más pequeña y bastante más asustadiza.















Al fondo fondo se divisa el macizo del Paine nevado, nosotros atravesamos un paraje estepario con plantas rastreras y redondeadas y terrazas glaciares. Cuando estamos cerca del lago Sarmiento nos bajamos de nuevo para ver por primera vez el macizo del Paine completo, ya se distinguen las Torres y los Cuernos pero muy chiquititos todavía. Las Torres tienen más de 2.500 metros de altitud, creo que 2800 la más alta, son un espectáculo increíble. Al pie el lago con trombolitos y microbialitos que es carbonato de calcio en forma de esqueleto calcáreo en las orillas, estos depósitos tienen un color blanco. Desde aquí el primer monte que se ve es mucho más alto que Las Torres y tiene forma de pirámide, se llama Almirante Nieto y está completamente nevado. A la derecha de Las Torres según las estoy mirando está el Cerro Paine.












Avanzamos un poco más y llegamos a la zona desde donde se ven Las Torres, que es Laguna Amarga, es un lugar abierto, desolado, impactante, la laguna tiene en las orillas costras de sal. Las Torres están delante de nosotros como si se trataran de tres menhires de color beige, la de la izquierda, la  más alta y un poco separada de las otras dos, la central una auténtica aguja- obelisco y la de la derecha está rematada por dos picos. Estoy feliz de poder estar aquí, hace mucho tiempo que quería verlas y me parece mentira. Ya en todo el día no las volveremos a ver  puesto que vamos  rodeando el macizo dirección norte y después noroeste y sur.












Paine quiere decir azul, nos paramos en el mirador del Macizo Azul desde el que se ven Los Cuernos y el Almirante Nieto y su glaciar. Pasamos al lago de las Mellizas  y después al mirador del Salto Grande, un lago, una cascada y a la derecha Los Cuernos del Paine. Los Cuernos tienen una parte clara y una parte oscura que es la superior porque son rocas intrusivas. Siguiendo hacia el norte llegamos al lago Pehoé de  azul turquesa con una isla pequeña que tiene dos casas, un puente y al fondo Los Cuernos. Es un paisaje idílico, para curar cualquier mal del alma.






















Bordeamos el lago yllegamos a un área donde hay un restaurante y un bar con una pequeña tienda. El restaurante tiene vistas al lago, de madera con grandes cristaleras. Ahí es donde vamos a comer nosotros. Huele muy bien porque hay carne asándose en una parrilla. Nos dan una sopa calentita que nos viene de perlas, después la carne con ensalada o patatas y el postre que elegimos de entre los que están en una vitrina. Una vez repuestas las fuerzas, nos damos una vuelta por el lugar. Nos acercamos a la orilla hasta prácticamente meter los pies, ahí están los Cuernos que desde esta posición los vemos totalmente de frente y es cuando nos damos cuenta de por qué el nombre de cuernos. Con su color oscuro y su tamaño parecen los cuernos del Minotauro. El paisaje es difícil de describir de tanta hermosura, una pradera, un armadillo paseando, un lago tranquilo, unas montañas imponentes, árboles y arbustos y el sol que sale.

















 A nuestro pesar nos marchamos y giramos un poco al oeste para llegar al lago Grey en su extremo sur y ver trozos de témpanos de hielo. Para acceder hay que pasar un puente colgante que se mueve bastante, un camino entre el bosque y ya está la orilla del lago aunque muy lejos, hay que caminar bastante para acercarse al agua y a los témpanos, hace un viento helado, tan helado que me vuelvo antes de estar cerca de los témpanos, aunque los puedo distinguir y también su color que con el sol es completamente azul. El camino de vuelta es de nuevo a través del puente colgante. Paseamos al lado de la casa del guardabosques y volvemos.

















El día ha sido redondo. Desde aquí nos dirigimos al sur por Río Serrano, el lago del Toro en su lado suroeste y el lago Porteño, atravesamos el río Paine y salimos a la cueva del Milodón y desde allí a Puerto Natales.




Deben de ser las seis de la tarde, nos arreglamos y nos vamos a dar un paseo y luego a cenar. Puerto Natales es una cuadrícula ascendente desde el puerto, está muy extendida pues las casas son de una planta ,como mucho dos, con jardincillo, muy coloridas, con tejados inclinados a dos aguas de fibrocemento o chapa con una ventana que se divide en tres y de distintos materiales, las hay recubiertas de chapa, las hay todas de madera y las hay de ladrillos y cemento pero esas son las menos. En medio llevan unos aislamientos  en medio de los muros que he visto en las que estaban a medio construir. Las que son de madera suelen estar barnizadas.





 En el centro  de la ciudad, que está bastante arriba, hay un parque y una calle ancha con tiendas y restaurantes. Esta zona está libre de tsunamis, eso lo pone en unos carteles a partir de la tercera manzana hacia arriba.

 Pasamos delante de la iglesia y están en Misa, entramos, la homilía larga, larguísima, de unos 15 minutos, la gente muy atenta y me sorprende la media de edad que es baja, hay bastantes jóvenes. Los cantos son reconocibles, hay un sacerdote que está confesando a un muchacho sin confesonario, ya con la celebración empezada. La iglesia es de una sola nave, moderna, revestida de madera, con bancos magníficos. Me fijo en el atuendo de la gente y hay variedad, algunos vestidos de verano, jóvenes y niños, otros de entretiempo y otros casi de invierno. La temperatura no es muy baja pero para ir abrigado. Al salir, el cielo se ha despejado por completo y hace viento.









Buscamos un restaurante y encontramos el Última Esperanza que tiene buena pinta y hay mucha gente. Comemos centolla y calamares con media botellita de vino, un tinto Cabernet Sauvignon que no está mal, pero la centolla me parece muy insípida. Aquí en todos los restaurantes te incluyen en la cuenta el 10% de la propina y te preguntan si estás de acuerdo, por supuesto, aunque no lo estuvieras, no les vas a decir que no, pues el servicio es incluso hasta empalagoso, hay camareros por todas partes. A la salida hace frío y estamos cansados así que regresamos al hotel porque mañana a las 6 hay que estar en pie otra vez.




Texto: Ximena Prieto
Fotografías: Miguel Roa 

1 comentario:

Luiz Bertotti dijo...

Miguel, fotos y textos maravillosos, dignos un gran profesor. Porque los verdades profesores jamas se jubilan; siguen enseñando por otros métodos. Ojalá tu proximo blog sea para describir el viaje a Brasil. Un abrazo!